Sobre nosotros

Faciamus ampliora quae accepimus: maior ista hereditas a me ad posteros transeat.
Seneca, Epistulae ad Lucilium, 64, 7



El Instituto Italiano de Estudios Clásicos (IISC), antes Asociación cultural El Roble y el Laurel, nació en el verano de 2010, por iniciativa de dos jóvenes amigos, el profesor Federico Pirrone y el abogado Antonio Giulianelli.

Desde el primer momento se manifestó tanto una clara insatisfacción contra los sistemas educativos de los institutos y las universidades como una voluntad precisa pero valiente de revertir dicho espíritu. A los jóvenes fundadores les parecía que tales sistemas habían perdido su objetivo constitutivo, esto es, su propia naturaleza fundamental: la naturaleza de la relación educativa jamás puede debatirse exclusiva e indeterminadamente sobre la árida letra del conocimiento. Esa naturaleza no es sólo la transmisión, o sea la tradición, del saber: tal tradición del saber es el objetivo de cualquier educación, pero no puede ser el único fin de una auténtica educación del hombre. En este sentido, la tradición es más bien un estadio, una etapa esencial en la formación de la persona libre, en la edificación del yo intelectual y moral.

Según el espíritu del IISC, la educación es siempre una relación dinámica: la formación del hombre no es por lo tanto sólo la recepción de la tradición sino un camino que se mueve desde ella.
En una perspectiva similar, es el hombre de hoy el que debe poner en movimiento la tradición, que es el camino y la meta: una tradición viva en condiciones de responder siempre a las cuestiones eternas y a las cuestiones del presente.

El camino del hombre y de la tradición del saber tiende a la continua formación y edificación del yo, para que el hombre pueda estar siempre en busca de lo bueno y lo juesto, pero al tiempo mismo para que su vida pueda ser ejemplo propio del bien y de la justicia.

Por todo esto, el IISC “tiene como finalidad el crecimiento humano, cultural, profesional y espiritual de los jóvenes y el desarrollo integral de su personalidad, en un contexto de amistad y solidaridad” (Art. 3 del Estatuto). La auténtica intención de los fundadores, que tomaba cuerpo en la voluntad educativa y tendía a la formación no solo de mentes, sino también de hombres, era el empeño de reconstruir la síntesis originaria de pensamiento y vida, de teoría intelectual y de práctica moral.
Parece entonces evidente que la cultura clásica es un luminosísimo ejemplo de aquella verdad única, que es pensamiento y vida; parece evidente cómo la educación total, la edificación del ser humano es una de las ideas fundamentales en el pensamiento clásico.

Por todas estas consideraciones, rápidamente consideradas, fueron promovidas las primeras actividades del IISC: actividades orientadas no sólo hacia la formación cultural y científica, sino también hacia la educación en los valores humanos. Así, además de las actividades más propiamente culturales, se organizaronn encuentros deportivos, proyecciones de películas en la sede de la Asociación, actividades de voluntariado y encuentros con personajes expertos en las temáticas de interés para los socios.

Tomando como referencia desde el principio el magisterio de la razón clásica, en el ánimo de aquellos jóvenes surgió, sin embargo una nueva insatisfacción: la que concernía no sólo a los propósitos por los que se estudiaba la cultura antigua y en general se establecía toda la educación, sino incluso aquella que ponía la cuestión del método con el que se abordada la enseñanza y el estudio, sobre todo de las lenguas y de la cultura latina y griega. Para superar la distancia en el tiempo, para construir un punto de unión más auténtico con la cultura de los orígenes espirituales de Italia y de Europa, el IISC transformó las primeras actividades (en el contenido, no en el espíritu) para concentrarse en la revitalización, en la difusión, en la promoción de las metodologías con las que en Europa los sabios habían enseñado siempre las lenguas clásicas, clave de acceso a un patrimonio inagotable de riqueza y nobleza humana.
En resumen, de la investigación científica y personal, de la fusióne de aquellas dos primeras exigencias, la pedagógica y la metodológica, surgió la actual constitución del IISC. Hoy, nuestro instituto está comprometido con la enseñanza de las lenguas clásicas, con la renovación de las metodologías didácticas, con la transmisición de valores que construyan la auténtica dignidad intelectual y moral de la persona humana: es a través de este compromiso como el IISC conduce a sus estudiantes a la formación tanto de un pensamiento vivo como de una vida que se piense, y a la edificación del yo mediante la reflexión y el contacto con el legado que nos ha sido transmitido.